Madja
La hospitalidad de su gente, es capaz de hacerte sentir como si estuvieras en tu casa en los campamentos saharauis.
Madja nos acogió y fue la mejor de las anfitrionas, con una dedicación y amabilidad constante, no faltando el abrazo y la preocupación por nuestro bienestar, a pesar de no hablar el mismo idioma.
Todas las comodidades a las que estas acostumbrado, allí no existen, se sustituyen por un té en buena compañía; y una cordialidad y simpatía que no permiten que eches en falta nada de lo que dejas en casa.